La historia del hotel Hospedería Conventual de Alcántara arranca en en Siglo XV: en 1478, Bartolomé de Oviedo, vecino de Alcántara, inicia la construcción de una ermita gracias a una licencia del Obispo de Coria. Siete años después, Oviedo declara la verdadera intención de su obra: traer a la villa de Alcántara a los frailes franciscanos y entregarles el edificio. El 20 de enero de 1493, la Orden de San Francisco tomó posesión, y desde entonces sería el Convento de San Bartolomé. Tres años más tarde, en 1496, Fray Nicolás de Ovando y Fray Juan Méndez, visitadores de la Orden de Alcántara, intentan desalojar a los frailes, argumentando que la fundación no contó con la licencia de la Orden de Alcántara; los monjes acuden a los Reyes Católicos, los cuales amparan al Convento y a los frailes. Desde 1548 la dedicación de los frailes continuó siendo el apostolado y la penitencia, en aquella época habitaban el Convento cincuenta frailes que disponían para su retiro de una hermosa huerta con un estanque y dos ermitas, una dedicada a San José y otra a Santa María Magdalena. En 1835, la Exclaustración General de Regulares, decretada por el Gobierno, deja deshabilitado el Convento y marca comienzo de una etapa de progresivo deterioro para el edificio y la ruina absoluta de sus pertenencias. En cumplimiento de las leyes desamortizadoras, será subastado después de la expulsión de los franciscanos y tendrá sucesivos dueños. En 1946, el empresario Eusebio González instala en el extinguido Convento una floreciente industria. La Sociedad Electro-harinera de Alcántara, que, si bien de modo precario, evitará el derrumbamiento progresivo de la obra. Hoy en día el edificio ha sido adquirido por la Junta de Extremadura para incorporarlo a la Red de Hospederías de Extremadura, habilitado como hotel de cuatro estrellas. En su interior se conserva toda la instalación de la industria harinera con un merecido valor histórico.
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